El crimen del yoga: breve anécdota biográfica

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Yo nací con la furia de terremotos no soñados y con el fuego de volcanes por nacer. Desde que puedo recordar mi existencia en esta vida, mis memorias son de estar enojado. Yo atribuyo el origen a un acto de vida pasada ya que mi madre no me hizo nada, tampoco mi padre, excepto proveer la chispa que me hizo descender del mundo astral.

Luego de mi familia la escuela fue la primera institución en la que desaté mi ira a costa del sueldo de mi mamá. Ella perdía horas de trabajo cada vez que mis maestros la citaban. En los años 80, un sueldo anual de $15,000 USD en Puerto Rico catalogaba a mis padres como clase media baja. Desde kindergarden hasta la secundaria mi madre fue todos los años a escuchar el monólogo de los maestros respecto a mi conducta y yo continué defendiendo mi postura reaccionaria. Yo siempre me aseguré de mantener mi reputación de ser alfa. Si bien por ego también por supervivencia. Nadie podía quitarme mi independencia, mi razón, mi derecho a pensar y decidir como ser humano, como alma, como ser espiritual. A mi nadie me intimidaba pero bajo el lente de hoy día tal vez pequé de ser un bully. 

Mi mamá y mi papá trabajaban constantemente, por lo cual mi hermano y yo aprendimos a definir soledad a temprana edad y a abrazarla. No es reclamo sino el hecho de que teníamos que salir a flote. Mis padres fueron los que escogí, los que necesitaba y los que estoy orgulloso de haber tenido. Sus esfuerzos han sido una inspiración y nunca un punto para ser víctima. Mi mamá nos dejaba instrucciones de como defendernos en cuanto a comida y la etiqueta a seguir cuando gente extraña tocaba a la puerta. Un sandwich de jamón y queso se envolvía en papel de aluminio (estaño en México, aunque está hecho de aluminio, ve a saber), se llevaba al cuarto y con la plancha se aplastaba y calentaba. Así nos manteníamos fuera del peligro de la cocina ya que apenas nuestras cabezas llegaban alcanzar la estufa. 

Como siempre fui del tipo explorador, estar solo nunca me incomodó. Solo que demasiadas horas en mis manos dio paso a incontables riñas entre mi hermano y yo y a mis primeras clases de química. Entre el ketchup, la mostaza, el vinagre y detergentes de limpieza escudriñaba colores, burbujas y gases. Dios me protegió porque nunca mezclé cloro con amoniaco. Diferentes cantidades de esta mezcla pueden causar daños permanentes o hasta la muerte. Pero la naturaleza también formaba parte de mi repertorio y siempre disfrutaba los viajes al río, a la playa o a la montaña y en ellos toda la fauna y flora que los dibujaba. Los ríos y las montañas fueron y siguen siendo mis favoritos y el espíritu de encontrar cosas nuevas tanto en la vida como en mi mismo forma pare de mi chip intelectuo-emocional.

Alrededor de los 6 años de edad también tuve la oportunidad de ver a un leproso al cual supuestamente Dios lo había curado. Este estaba sentado a las afueras de la primera iglesia a la que asistí ya que mi mamá siempre trató de inculcar en la familia el "temor a Dios". ¡Que horror! ¡Que empeño del ser humano en respirar el putrefacto miedo! Yo amo a mi madre pero esta noción de un Dios que castiga, que es celoso y que te puede condenar a vida eterna en un infierno, no solo negaba la propia definición de Dios de mi madre sino la definición de amor en su sentido mas común, básico y reptileo.

Dado que tener miedo para tener amor nunca fue un axioma en mi currículo de vida es que encontré el yoga a la edad de 13 años. . .

[intermezzo obligatorio para vociferar definición] Baja el telón: no me refiero al yoga fitness donde en más que un salón de yoga lo que encuentras es una pasarela de los últimos pants o tapetes de yoga, o una vitrina de egos donde pararse de cabeza constituye el primer logro en ser mejor que otros. No me refiero al yoga donde cantar el Aum es “cool” ( y mientras mas largo lo puedas cantar mas avanzado y conocedor eres) mientras Ganesha yace en el suelo infringiendo el dharma del sampradaya yóguico (tradición yóguica) donde todo murti (imagen sagrada) se trata con respeto y nunca se coloca en el suelo sino en un pedestal o manto. No me refiero al yoga en que se aprende habiendo tomado una certificación de 200, 500 o 1000 horas si se te antoja (chin chin, cashing money) donde se incluye un partecita de teoría filosófica (tal vez para apagar la culpa de que están cortando las raíces del árbol, ¿quien sabe?) ni mucho menos el que se enseña por tener esos requisitos. Al que le quede el sombrero que se lo ponga. . .No me refiero al yoga de aquellos bien intencionados que desean promover la salud y el bienestar. No estoy en contra de los que promueven la salud sino que en medio del caos comercial que existe, creo necesario diferenciar el uno del otro. 

 Patanjali

Patanjali

Cuando hablo de yoga, hablo de #YOGA, del sánscrito yuj, de uno de los seis dárshanas de la India o sistemas filosóficos; de aquel en el cual toda acción está encaminada a purificar el cuerpo y la mente como proceso para obtener moksha, la ILUMINACIÓN o estado de maestro ascendido como Buda, Cristo, Kabir, Krishna, Paramahansa Yogananda, Ramakrishna Paramahansa, etc.  Hablo del yoga que Vasishta enseñó a Rama (Yogavasishta) y que posteriormente Patanjali codificó en sus sutras (Patanjali yoga sutras). Hablo del ashtanga en el cual la meditación forma la cumbre de su definición y en donde el samadhi o unión mística se experimenta. Hablo del yoga donde los procesos de samprajnata y asamprajnata samadhi se describen; donde se alcanza savikalpa y nirvikalpa samadhi, donde el Aum te bautiza con su vibración trascendental. Hablo del yoga en donde el Hatha se practica de acuerdo a la tradición Nath (MatsyendranathGoraknath ), la cual está encaminada a la iluminación. [finale d’intermezzo] Sube el telón.

Decía que a los 13 nació el yoga en mi vida. Comencé a morir y nacer día a día: el fuego del enojo moría bajo el acuático gozo de encontrar amor; quería estallar, el alcohol nunca osó tocar mis labios; el humo corría entre mis compañeros de escuela pero no conmigo y el sexo tocaba a la puerta pero no la abrí sino hasta que estaba en la universidad haciendo mi carrera en física y matemáticas. A los 16 me convertí en vegetariano y desde entonces no como carne. Yo no soy ávido promovedor del vegetarianismo sino de la meditación. Ser vegetariano surge natural a medida que meditas y experimentas estados de consciencia diferentes. Cada cual tiene su lucha interna. Yo solo se que el yoga no funciona igual si no eres vegetariano; lo he comprobado en mi propio cuerpo y todos los maestros ascendidos lo mencionan. Yo viví en ambos lados y puedo asegurarte que vi cambios dramáticos en mi práctica de yoga cuando me hice vegetariano.

El yoga fue y sigue siendo mi mejor amigo. En el yoga encuentro la respuesta a todas mis preguntas y el amor infinito que tanto anhelo. ¿Porqué actúo como lo hago? ¿Porqué soy como soy? ¿Cómo afecto a aquellos que me rodean? ¿Cómo puedo sentirme amado? ¿Cual es la naturaleza de mi mente; de mi ser? ¿Quién soy? ¿De dónde vengo y a donde voy? ¿Porqué existo? ¿Existe Dios? . . .todo se revela en el yoga.

El yoga destruye el ego o estado confundido o no-luminoso del Ser. Este yoga es un estilo de vida transformador que requiere esfuerzo, dedicación y el compromiso intenso de transformar tu vida. Si quieres transformarte, te invito a que comiences a practicar.

Namasté

Nandikesha Baba
YogaNandikeshameditación