5 obstáculos en tu práctica del yoga

demonios-del-yoga.png

Los demonios existen en el yoga como en cualquier tradición espiritual. Algunos son sutiles y otros no tanto, pero sus invisibles dientes siempre muerden si no estás preparado para su afrenta. Hoy quiero hablarte de cinco "demonios" sutiles, los cuales son 5 obstáculos para la práctica del yoga. Aunque también diría que son obstáculos en cualquier disciplina espiritual.

Enfrentar demonios fue una ilusión de niño. No que no me aflojaran el estómago sino que lo sutil siempre me atrajo. Siempre lo consideré un acto heroico y trascendental. Yo crecí escuchando la historia de una luz que se acercaba al río vecino a la casa de mi abuelo en el barrio Jaguas de Gurabo, Puerto Rico, allá en los 80. Sucedía a media noche. Era una luz roja diminuta que brincaba de piedra en piedra, y se decía, que estaba buscando los restos de una Biblia que había destrozado bajo la posesión de un demonio. Siempre quise escaparme al río a medianoche con ilusiones de un encuentro pero nunca surgió la oportunidad lo cual siempre me dejó un mal sabor en el alma el cual se intensificó años por delante por falta de una experiencia directa.

Mi amiga Liana Castro Maldonado veía de vez en cuando varios espíritus en su casa de Carolina. Nada grave, solo sentados meciéndose en el sillón de paja de su sala. Mi vecina allá en Bairoa (donde crecí) me contaba del pájaro negro que salió volando de su iglesia el día que despojaron a un feligrés. O escuchaba del primo que era poseído en ocaciones. . .así me la pasaba, escuchando pero no sintiendo, buscando sin encontrar. Lo único que logré fue mantener el fuego de mi interés alto y flamante hasta que encontré el yoga. ¡Ja, el yoga, esa caja de pandoras! Si no leíste "El crimen del yoga" te invito a que lo hagas.

Fue entonces que entendí que mi falta de visión se debía a que yo estaba poseído. Mi mamá me lo decía: "dejar la mente en blanco es invitar a Satanás". Pues, tenía razón digo, porque en cuanto comencé a "dejar la mente en blanco", me di cuanta de cinco demonios dentro de mi: avidyā (avidya), asmitā (asmita), rāga (raga), dveṣa (dvesha) y abhiniveśa (abhinivesha).

Considerar estas cinco aflicciones de la mente simplemente como modificaciones de la mente es hablar del lobo y no verlo venir. ¡Demonios, que son demonios! #Avidya (ignorancia) es la tierra fértil donde nacen todos los males. Es la fuerza que te hace percibir la realidad en forma distorsionada; es considerar lo perecedero como eterno, y lo eterno, destructible; lo puro como impuro; la miseria como la felicidad. Es la fuerza que confunde tu pura consciencia con el estado de percepción de la misma o buddhi.

Descartes estaba poseído (ni tan en serio, que es una analogía) cuando declaró: "Cogito, ergo sum", "pienso, luego existo". La condición cognitiva del Ser, buddhi, no es fundamental para la existencia de la consciencia. #Asmitā es la confusión entre lo percibido y el perceptor. Por eso meditamos, porque somos uno, porque queremos borrar la línea entre el meditador, el proceso de meditar y el objeto de meditación. En ese momento logramos la unión trascendental logrando decapitar al vil asmita.

Más fácil de ver en la oscuridad es #rāga, o apego. El apego es el resultado de haber experimentado placer. El apego es la impresión latente existente en la mente la cual crea un impulso demoniaco (para no perder contexto) para dirigir consciente e inconscientemente todo nuestro ser a la obtención de objetos a través de los cinco sentidos de percepción. Esto causa que nuestra percepción de lo bueno y lo malo quede totalmente viciada por el impuso a satisfacer el apego.

La hermana del apego es #dveṣa. Como hermana menor, ella sigue los pasos de su hermano #raga y es básicamente una copia de su espléndida fuerza pero en la dirección opuesta. Casi como la tercera ley de Newton. Es la aversión que se crea en la mente cuando el ego experimenta dolor. Digo el ego, porque la pura consciencia, en su estado no identificado con la experiencia humana, no percibe dolor alguno. Por tanto que existe una fuerza de oposición que nos aleja de nuestra realidad luminosa y que constantemente hace que nos identifiquemos y creamos que nuestro SER sufre.

Permítanme respirar que es que el tema es profundo y me hace falta el aire. Dios, que pesado esto de los demonios y mas pesado darle la razón a mi madre.

Decía que (la mitad de dos) mas tres es cuatro. Por tanto que el demonio que nos queda es el horror de pensar que vamos a morir, #abhiniveśa. El miedo a la muerte es un demonio que solo dejará de existir en nosotros cuando logremos ver que nuestro SER es indestructible. Para ello hay que recuperar la pura consciencia.

He aquí los cinco demonios que me poseen y que día a día me mantienen ocupado. Sigo poseído porque de vez en cuando no se cómo perdonarme, porque me da miedo ser vulnerable y abrir mi corazón. Sigo poseído porque me apego a mis ideas como quitón en roca. Sigo poseído porque sigo teniendo aversión a ver la realidad de mi ignorancia actual; porque no acabo de tomar responsabilidad de mis acciones y sigo culpando a los demás. . .¿te suena familiar?

Liberarse de estos demonios es un trabajo de vida. NO hay psicología ni terapia que tenga poder absoluto sobre ellos. Lo único que desata sus garras de la espalda es el retomar la consciencia eterna de nuestro SER y eso solo ocurre transformando el corazón y la mente a través de la meditación y el cultivo de la presencia divina dentro de nosotros. Diferentes terapias te pueden ayudar a no engancharte tanto en los males de estas fuerzas.

Sin embargo, no lo veas oscuro. Las fuerzas de la ignorancia, del ego, el apego, la aversión y el miedo a la muerte no son sino fuentes de energía para lograr tu propósito de vida. Su presencia se hace presente solo para recordarte que tu naturaleza es infinita. SAT CHIT ANANDA: siempre existente, siempre consciente, y siempre nuevo gozo.

Namasté

Nandikesha Baba
YogaNandikesha